Muchos lo ven como una figura controversial y revolucionaria, otros lo consideran una buena persona, o un maestro, pero no lo conocen realmente, o no se dan cuenta que pueden tener una relación con Él y experimentar su poder y presencia en sus vidas.

Entonces, ¿quién es Jesús? ¿Es una figura histórica del primer siglo en Israel? ¿Es un hombre colgando en una cruz como se ve en algunas iglesias? ¿Está vivo como dicen los cristianos? ¿Qué significado tiene para el mundo y por qué me debe importar personalmente a mí y a mi familia?

Aunque se han escrito infinidad de libros sobre Jesús y aunque hay muchas opiniones acerca de Él, las mejores fuentes, y por cierto las más confiables históricamente, siguen siendo las que su seguidores nos dejaron: los relatos Bíblicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, comúnmente referidos como: “los Evangelios”. Cada relato arroja luz de una manera sorprendentemente similar, aunque ligeramente matizado con una visión de Jesús que juntos nos dan un retrato completo de Quien es Él.

Los cuatro Evangelios pintan un retrato de un hombre nacido como Judío, descendiente de Abraham y de la línea real del Rey David, pero que nació en pobreza y permaneció en el anonimato la mayor parte de su vida. Su nacimiento incitó una masacre; se escondió con sus padres como refugiado; estaba enamorado de Dios y de la obra de Dios desde temprana edad, pero no fue hasta que alcanzó los 30 años que se hizo conocer públicamente.

Él era completamente humano, identificado con nuestras debilidades en tentación y en hambre, pero sin pecado. Sin embargo, Él era completamente Dios haciendo cosas que sólo Dios puede hacer: perdonar pecados,  manejando señales que reinterpretaban las leyes de la naturaleza, teniendo preocupación por los marginados, liberando a personas bajo opresión demoníaca, sanando enfermedades incurables, y hasta levantando muertos. Él fue caracterizado por su compasión y amor por los pecadores, sin embargo directamente exponiendo a los hipócritas que tenían justicia propia, tiró las mesas de los corruptos cambistas de dinero,  y predicó el arrepentimiento del pecado y el vivir vidas de santidad y pureza. Él habló palabras que le daban a la gente vida eterna, sin embargo los que no tenían oídos para oír a Dios no podían entender sus dichos difíciles.

Su mensaje era: “¡Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado!” Él era el Rey trayendo un nuevo Reino – una administración del mundo, y la reorganización de todas las cosas que conocemos. Un Reino al revés, donde el primero sería último y el último primero, el pobre en espíritu recibe el Reino de los Cielos, los que lloran recibirán consolación, los mansos heredarán la tierra, los que sufren y son perseguidos por causa de Él son bienaventurados y recibirán gran recompensa. Pero para entrar a este reino, Él declaró que es necesario que se arrepientan, que abandonen el adorarse a sí mismos y a su placer, posición, y poder y a cambio seguirle a Él. Él llamó a la gente no a una mejor forma de vivir a sino tener una relación con Él mismo. Él llamó a la gente para que le amaran, creyeran, e hicieran lo que Él decía.

En el clímax de su popularidad e influencia, cuando todos querían hacerlo su rey y liberador político, Jesús comenzó a  hablar de su muerte y su resurrección. Aunque sus amigos más íntimos no lo comprendían, Él estaba cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento declarándose el cordero sacrificado, el substituto por el pecado de la humanidad que está en contra de Dios. Se dejó traicionar, lo cual le llevó a la pena capital, la crucifixión, por declarar ser el Hijo de Dios, aún cuando los oficiales más altos de la tierra sabían que Él era inocente de todo crimen. Él sufrió el tipo de humillación que cualquier humano de ese tiempo hubiese temido al máximo. Al final, gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Y lo hizo por amor. Aunque fue perfecto en todo aspecto, Él tomó el castigo de Dios por la rebelión de la humanidad contra Dios. Un castigo que resultaba en muerte. La ira, bien-merecida, que se había acumulado a una masiva deuda que sólo Dios mismo podía pagar…Y Él lo hizo.

Tres días después, al amanecer, Él demostró su cumplimiento de pago y victoria sobre el pecado y la muerte por medio de regresar a la vida. Sí, es verdad. Jesús no revivió, ¡Jesús resucitó! Él volvió en un nuevo estado de humanidad – la que todos anhelamos, libre de muerte, enfermedad, y dolor. Lo mortal fue absorbido en inmortalidad, y Jesús fue el primer humano por el cual esto ocurriría. En Su muerte y resurrección, tomó nuestro castigo por el pecado y nos dio Su justicia.

Entonces, ¿Qué significa la vida, la muerte, y la resurrección de Jesús para ti hoy? Significa que Jesús es la solución a tu relación quebrantada con Dios y a el quebrantamiento del mundo, incluyendo nuestros mismos corazones. Significa que todo lo triste, dolorido, roto, disfuncional, será eliminado para todos aquellos que ponen su confianza en Jesús.

Significa que tienes dos opciones: O tú puedes quedarte en tu rebelión en contra de Dios a través de continuar una vida auto-enfocada y de placer, o a través de rechazar el regalo de Dios por tratar de ser bueno por tu propia cuenta – un intento que nunca será suficiente para cumplir las demandas de Dios. O, tú puedes recibir el regalo gratuito de Dios por medio de abandonar tu rebeldía y creer que lo que hizo Jesucristo por ti en la cruz y en Su resurrección cubre tu necesidad ante Dios. De hecho, hace todavía más.

Lo que hizo Jesucristo por ti te libera completamente. Te da la oportunidad de no solamente estar bien con Dios, sino también de tener una relación significativa con Él, la cual está basada en Su amor por ti. No tienes más que tratar vez tras vez y fallar – Jesús hace posible tu reconciliación con Dios. Él también te da el querer y el poder que necesitas para vivir para Dios. Esta realidad y aceptación ante Dios comienza a transformar cada área de tu vida.

Mira, todos tenemos necesidades más grandes de lo que cualquier cosa en este mundo pueda satisfacer. Fuimos creados para una relación con Dios y sólo Dios puede satisfacer esa necesidad en nosotros. Algunos solamente quieren una vida mejor, estabilidad económica, paz en la casa, un mejor cónyuge, respeto, amor, drogas, alcohol, pasarla bien, fiestas, éxito, honor, influencia, control…en otras palabras, lo que se siente placentero, lo que puedes tener, y de lo que puedes presumir. Algunas de esas cosas son malas, otras son normales.

La mayoría de la gente vive para sí misma, acumulando placeres, posesiones, o poder que no satisfacen el corazón y el alma humana. De hecho, lo inverso muchas veces es verdad – muchas de las personas más ricas, más poderosas, y más llenas de placer tienen la tasa más alta de suicidio, depresión, ansiedad y otras disfunciones además de relaciones rotas. Esto es porque el corazón humano sólo estaba destinado a estar satisfecho en una relación amorosa con Dios.  Nada más trae satisfacción hasta que dejes que Dios satisfaga esa necesidad.

El sufrimiento y el dolor también nos hacen recordar que algo está profundamente mal con el mundo y con nuestros propios corazones. Las cosas no son como deberían ser. Nuestras ilusiones y fantasías más grandes nunca son realizadas. Y por otro lado está la cuestión de la muerte; existe y no sabemos por qué. Tememos al juicio que viene después de ella. Fuimos creados para más: la aceptación de Dios como nuestro amoroso Padre Celestial en una relación con Él.

Dios nos hizo. Él hizo todas las cosas. Pero, nosotros nos rebelamos en contra de Él y dejamos que el mal entrara a nuestros corazones y al mundo. Dios hizo una promesa para traernos de regreso a Sí mismo. Él prometió traer un nuevo reino y darnos nuevos corazones. En el reino de Dios, todo funciona bien; hay paz con Dios, con otros, con nosotros mismos y con el resto de la creación. Nosotros rompimos esa paz con nuestra rebelión. Ahora, Dios está en una misión para traernos a Sí mismo y traer Su reino, Su regla, otra vez a nuestros corazones y al mundo. En la Biblia, en el Antiguo Testamento, Dios repetidamente promete un Mesías Quien sería Rey de ese Reino y restauraría todo. ¡Jesucristo es ese Rey! Y Jesús comienza la restauración en nuestros corazones cuando confiamos en Él como nuestro único Salvador y Señor. Jesús regresará a restaurar al mundo y a la creación. Los que lo rechazan eligen voluntariamente la separación de Él, finalmente dirigiendo sus vidas a lo que Jesús llamo “el infierno.”

Pero, Jesús te ofrece una vida eterna y abundante que comienza a ser realidad en el momento que tú te arrepientes de tu rebeldía y crees quien es Él y le entregas tu vida. Él ofrece reconciliarte con Dios y darte la paz y el amor que nada ni nadie más te pueden dar. Pero si rechazas Su oferta, entonces estás eligiendo para ti mismo la condenación eterna. ¿Qué vas a elegir tú? ¿Aceptarás la oferta de Jesús para ti? Pon tu confianza en Jesús. ¡Él vale más que todo!  

 

Si quiere saber más sobre como tener una relación con Dios, llámenos al 720-325-7282 o mándenos un correo electrónico a IglesiaLaREDDenver@gmail.com. 

¡Queremos introducirle a la Persona que ha cambiando nuestras vidas!